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Cuando Siempre Eres la Fuerte, ¿Quién Cuida de Ti?

Aug 29
3 min read

Cuando Siempre Eres la Fuerte, ¿Quién Cuida de Ti?

Para la mujer de quien todos dependen… pero a quien pocas veces le preguntan si está bien.

Casi siempre hay una persona en la familia que sabe lo que todos necesitan.

La que recuerda las citas.

La que está pendiente de los hijos.

La que contesta el teléfono cuando alguien está pasando por un momento difícil.

La que recuerda lo que hay que pagar, lo que falta por hacer, dónde tiene que estar cada persona y quién necesita una palabra de ánimo.

En el trabajo cuentan con ella.

En la casa cuentan con ella.

Las amigas la llaman cuando necesitan hablar.

Su familia sabe que, de alguna manera, ella va a resolver.

Y la mayoría de las veces, lo hace.

Pero hay una pregunta que no le hacemos lo suficiente a la persona fuerte:

¿Quién cuida de ti?

Ser fuerte puede convertirse en un papel tan familiar que llega un momento en el que ni siquiera te das cuenta de todo lo que estás cargando.

Te acostumbras tanto a responder:

“Estoy bien.”

Que quizás hace mucho tiempo que no te detienes a preguntarte:

“Pero… ¿realmente estoy bien?”

Tal vez estás funcionando.

Te levantas.

Vas a trabajar.

Atiendes a tu familia.

Respondes mensajes.

Preparas la comida.

Resuelves problemas.

Cumples con tus responsabilidades.

Sigues adelante.

Pero hay algo que necesitamos recordar:

Estar funcionando no siempre significa estar bien.

A veces, la persona más fuerte de la habitación también es la más cansada.

Cuando Ser Fuerte Se Convierte en Tu Identidad

No hay nada malo en ser una mujer fuerte.

La fortaleza puede ser hermosa.

La resiliencia puede ayudarnos a atravesar temporadas que jamás imaginamos que podríamos superar.

El problema comienza cuando ser fuerte deja de ser algo que somos capaces de hacer y se convierte en algo que sentimos que tenemos que demostrar todo el tiempo.

Tal vez en algún momento aprendiste:

Yo no puedo derrumbarme.

Todos me necesitan.

No quiero preocupar a nadie.

Hay personas con problemas peores que los míos.

Después me ocupo de mí.

Y ese “después” sigue llegando cada vez más tarde.

Entonces continúas.

Hasta que el cuerpo comienza a sentirse cansado.

Tu paciencia disminuye.

Tu sueño cambia.

Cosas que antes podías manejar ahora parecen demasiado.

Quizás comienzas a irritarte con las personas que amas.

Y no necesariamente porque hayan hecho algo terrible.

Tal vez simplemente llevas demasiado tiempo dando, resolviendo, cuidando y cargando…

y ya queda muy poquito para ti.

A veces lo que parece irritabilidad es agotamiento pidiendo ser escuchado.

Tú También Tienes Derecho a Necesitar

Esto puede ser difícil para quienes estamos acostumbradas a ayudar a los demás.

Podemos reconocer fácilmente cuando otra persona necesita descansar.

Pero cuando se trata de nosotras, las reglas parecen cambiar.

Imagínate que una amiga te dijera:

“Estoy cansada. Todo el mundo necesita algo de mí. No tengo tiempo para mí. Me siento abrumada y no sé cuánto tiempo más puedo seguir así.”

Probablemente no le responderías:

“Pues sigue aguantando.”

Le dirías que descanse.

Que hable con alguien.

Que pida ayuda.

Que se cuide.

Que no tiene que cargar todo sola.

Entonces, ¿por qué a veces nos cuesta tanto ofrecernos a nosotras mismas la misma compasión?

Necesitar apoyo no elimina tu fortaleza.

Descansar no te hace irresponsable.

Establecer límites no te hace egoísta.

Y decir:

“Necesito ayuda.”

no significa que hayas fracasado.

A veces significa que finalmente comenzaste a escucharte.

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